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viernes, 17 de octubre de 2014

Call me Satan



"...Quizás eso es lo que llevó a los teólogos Cristianos a demonizar a Pan; pues percibieron en él un poderoso competidor de Jesús en los corazones de la gente. Esta demonización no fue accidental, sino un giro deliberado de los ideales paganos; el cristianismo extendía sus ideas por Europa. Después que el Concilio de Nicea y el Credo de Nicea y la Iglesia Católica Romana fueran fundados en 325 d.C. los teólogos cristianos (empezando por Eusebio) transformaron a Pan de dios benigno de la naturaleza a Satanás, el gran adversario.

Hay algunas evidencias de que, de hecho, Pan pudo ser asociado con Jesucristo. La conexión puede no parecer evidente en un principio: ¿cómo puede un “dios menor” del gran Panteón griego tener nada que ver la figura central de una religión monoteísta escatológica?
La mera sugerencia de esta idea podría conseguir que alguien fuera quemado en la hoguera durante la Inquisición Española. Pero las similitudes están ahí. Por ejemplo, ambos eran pastores en cierto modo, y además, ninguno de ellos era totalmente divino: Jesús era cien por cien humano y cien por cien divino al mismo tiempo, Pan era también un dios y “también un ser terrenal, por virtud de su madre Dryope, su ocupación y su asociación con el hombre. Esta fusión de lo humano y lo divino en una criatura llevó a muchos poetas cristianos tardíos, como Milton, a describir a Pan como una prefiguración pagana de Jesucristo” (Baker 11). 

Desde el punto de vista de la Iglesia, el obvio problema de comparar Pan con Jesus, sería la increíble virilidad de Pan. Jesús nunca fue representado como un ser sexual, y aun hoy la gente sigue sintiendo culpabilidad por el sexo, como si este fuera un acto profano. Y pan era descaradamente libidinoso.

Con representaciones como estas, la imagen de Pan estaba más lejos de la de Jesús de lo que lo podría estar cualquier otra deidad. Ningún miembro del clero se atrevería a hacer comparaciones entre ellos cuando el contraste era tan evidente, así que los poetas solos alimentaron esta figura de Pan-Jesucristo. 

Esta sexualidad de Pan, combinada con su rostro moralmente insano, dio a los ascetas exactamente lo que necesitaban. Pues nunca había sido atractivo para empezar, y los Cristianos estaban acostumbrados a asociar la fealdad con el mal (deformaciones y plagas de todo tipo se consideraban castigo de Dios por los pecados cometidos).

No es difícil ver aquí cómo la desenfrenada sexualidad de Pan tan pecaminosa para los Cristianos, le hicieron un candidato ideal para la demonización. Esta difamación de un dios pastoral fue parte de una enorme campaña de propaganda religiosa diseñada para sembrar temor al diablo (pues el temor a Dios parecía no funcionar) en los corazones de la gente, así los Cristianos tendrían varios panteones de antiguos dioses que conquistar y una personificación del mal eficaz para ayudar a la gente en este proceso. Gracias al cristianismo, Pan se convirtió, literalmente, en el más grande chivo expiatorio del mundo.

Con Pan y los otros dioses paganos, la sexualidad siempre fue algo con lo que disfrutar y a la gente gustaba de imitar a los dioses. Intentar calmar los deseos e imitar el celibato de Jesús fue por tanto demasiado pedir, pues incluso simplemente restringir la sexualidad al matrimonio era (y es) un problema.

Nadie sentía con más intensidad esto, aparentemente, que San Agustín de Hipona, que en sus Confesiones despotricaba profundamente sobre los peligros de la sexualidad. Él fue el primero en demonizar a Pan específicamente por su sexualidad (aprox. 400 d.C.), yendo más allá de la tendencia general cristiana de equiparar deidades paganas con los demonios en general.

Las ideas de Agustín fueron trasladadas a América por los Puritanos siglos después; que pensaban que, de hecho, el diablo, con cuernos y patas de cabra, vivían en el bosque alrededor de Plymouth. Por supuesto, el mito de su diablura fue ampliamente difundido y destacó durante toda la Edad Media. La Iglesia hizo propaganda de la imagen de Pan como el diablo para dar una cara fea a todas las tentaciones de Satán, pero preocupándose especialmente por apagar la naturaleza libidinosa del populacho, entonces ¿por qué no escoger una criatura aún más fea para simbolizar el mal absoluto?

Esta imagen de Satán como Pan persiste en las denominaciones fundamentales hoy, y pueden verse en adaptaciones del comic de C.S.  Lewis “The Screwtape Letters”. Un diablo cornudo con patas de cabra apareció en la película Legend, y sin duda como caricatura en las películas de terror. Estas tontas ideas sobre la imagen de Satán como Pan son todas gracias a los pioneros esfuerzos de Eusebio y Agustín, cuyas ideas fueron perpetuadas y adornadas posteriormente por toda una horda de sacerdotes celosos. 

En todas las fuentes antiguas y evidencias arqueológicas, Pan era obviamente ampliamente venerado, en lugar de muy temido. Fueron sólo los valores ascéticos de la tradición judeo-cristiana los que lo condenaron a jugar el rol del tipo malo definitivo. De hecho “es una opinión extraña en una moral cambiada que este dios debiera haber sido convertido en el diablo por los teólogos cristianos” (Woods 86), pues él era el dios de la naturaleza, y por tanto se comportaría de manera natural, y no como la encarnación del mal."

- Fragmentos de La demonización de Pan, Kevin Hearne, 1998

http://www.mesacc.edu/~thoqh49081/StudentPapers/pan.html





jueves, 25 de septiembre de 2014

Mujer

Recuerdo que de pequeña mi psicóloga me mandó hacer la típica actividad de "Cosas que me gustan de mí, Cosas que no me gustan de mí". Una de las primeras cosas que escribí en "Cosas que me gustan" fue que soy una chica (soy una mujer).

Luego, cuando fui creciendo, durante mi adolescencia... renegué de mi sexo, era incómodo, me crecían los pechos (muchos cambios en mi cuerpo y en mi manera de sentir), tenía que tolerar cada mes la menstruación, no me identificaba con las otras niñas de mi edad... En alguna ocasión llegué a detestar el hecho de ser mujer. ¡Era un rollo! ¡un suplicio! ¿Por qué yo tenía que pasar por aquello y los chicos no?, deseaba no tener que tolerar cada mes el achaque de la menstruación, ¡qué incómodo!

Renegaba de todo aquello que me pareciera típicamente femenino, no me identificaba con las mujeres, nunca me llevé demasiado bien con las chicas... parecía que aquello no era para mi.
No me aceptaba tal cual era, no aceptaba lo primero que me identifica, mi condición de mujer, y todo lo que ello conlleva (y no hablo ahora de roles de género ni estereotipos y normas sociales, aunque siempre condicionan).

Pero ahora, ahora que me he puesto en contacto con la mujer que hay en mí, que le he prestado atención, que la he escuchado. Ahora que me he fijado de una forma sana y respetuosa en mis ciclos, mis ritmos, sin rechazarlos, con aceptación y curiosidad; ahora estoy más en paz con mi condición de fémina.

Al entrar en contacto con esta naturaleza cíclica, me he dado cuenta de que en realidad, esto más que un suplicio, más que algo molesto y fastidioso, es un privilegio.

Y me alegro, me alegro porque ahora la mujer que hay en mí no se siente incomprendida y sola, por fin alguien la está escuchando, por fin alguien la acepta tal y como es. Por fin alguien la quiere y la valora con todos sus cambios, sus contradicciones, su devenir. Y eso ayuda, y ayuda no sólo a estar más en paz contigo misma, sino a ser consciente de lo sagrado que hay en tu ser.


 

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Profundo

Ojalá pudiera describir con palabras lo inmensa que siento la oscuridad dentro de mi; cuán imponente es la conexión que he ido desarrollando con lo sombrío de mi ser en este último año.

A veces la siento tan potente, tan bizarra, que me abruma. Como me abruma ver que todo este tiempo ha estado ahí, ¡y yo sin percatarme! ¿dónde la escondí? ¿cómo perdí esta conexión? ¿realmente la perdí? Quizás simplemente la olvidé. Como me olvidé de la muerte. Como me olvidé de mi espíritu malogrado, del miedo, el dolor, y la inseguridad que aun guardo en mi ser.
¿Cómo llegué a distanciarme tanto de ella? Con lo que ella ha hecho por mi, ¡con lo que me ha enseñado!

Soy capaz de todo y capaz de nada, un punto entre millones, una gota más de todo un océano, un conjunto de materia más en un universo cuya vastedad resulta inalcanzable para nuestra pequeña mente humana.
Ahora que he reconectado con mis vicios y debilidades, con mis miedos, mi sufrimiento, mi perversión y depravación; ahora que me he dejado llevar por ellos, que soy un poco más consciente de lo delgada que es la línea que separa la salud de la enfermedad, lo bueno de lo malo, lo puro de lo perverso... ahora sólo queda hacerme a mi propio equilibrio.

Después de tantos ciclos, de subidas y bajadas, de perderme y encontrarme y volverme a perder; después de echar un vistazo alrededor, de apreciar la fugacidad de la vida; después de tener la angustia y el dolor tan presentes...¿qué queda?, ¿qué tengo?, ¿qué es lo que poseo por encima de todas las cosas?

Poseo la existencia. Poseo mi cuerpo. Poseo el ahora. Y ya que esto es lo primero y último que voy a poseer en esta vida que me ha tocado vivir...¿qué voy a hacer? ¿cuál es mi responsabilidad fundamental?

Existir. ¿Existir? ¿de acuerdo a qué patrones? ¿cuáles son las pautas con los que quiero guiar mi vida? Y más importante aún, ¿cómo encuentro el equilibrio entre el ahora y el mañana, entre poseer mi ser en el momento presente a la vez que miro hacia el futuro?

¿El futuro? Cuidado con el futuro, hay que echarle un vistazo de vez encuando, sólo de vez en cuando. Ya tengo la oscuridad dentro de mi ¿de qué me sirve poner la vista en una presunta oscuridad que ni siquiera existe?.

Voy a morir. Si. Esta ganga se me acaba. ¿Y luego qué? ¿Qué va a pasar? ¿Alguien puede saberlo?. Dejaré esta forma humana, esta que me brinda tantos placeres, tantas experiencias, tantos estímulos. Todo lo que bajo esta forma conozco, todo lo que ahora soy como humana... todo eso lo voy a perder para fundirme con el cosmos. Todo se apagará un día. Mientras tanto se me ofrece la capacidad de elegir... ¿qué hacer con esta existencia mia?

miércoles, 6 de agosto de 2014

Si... entonces te quiero si no, no.



"Si me das lo que espero, te quiero; si no, no te quiero."

Porque en realidad no te quiero a ti, no quiero a tu ser, tal cual es.
Y por más que intente convencerme de que te quiero a ti, lo que quiero es lo que me ofreces, lo que me das, porque esto se adecúa a lo que yo deseo o a lo que estoy dispuesto a tener.
En el momento en el que desconfío de nuestra relación, en el momento en el que soy consciente de la inseguridad de la misma; todo se tambalea. Me doy cuenta de que la cosa no es tan idílica, pues la realidad ya no me parece fiel a esa imagen que he formado en mi mente en la que quiero encorsetar nuestra relación.
Si encima descubro que te mueves con libertad, que amas, y te entregas a otra persona; entonces me lo tomo como un agravio y una falta de respeto hacia mi orgullo y mi dignidad. No te veo como una persona diferente a mí, con su propia vida, su forma de ser y sus cosas viviendo sus propias experiencias vitales; no me preocupo de por qué haces eso, qué te lleva a esas experiencias o cómo te puede enriquecer el pasar por ellas.

Y es que no te quería a ti, por ser lo que eres y lo que me has demostrado ser. Lo que quería, lo que amaba es lo que pensaba que eras y lo que tenía esperanzas de que fueras.
Y todo el tiempo me he estado engañando a mí mismo pensando que te quería a ti. Y no. No te amo como lo que eres, pues no te conozco. Amo lo que creo que eres, lo que me parece que eres en un momento; pero cuando dejas de serlo mi amor se desvanece.

¿Por qué se desvanece? ¿Por qué dejaré de quererte entonces?
Puede que todo el rato no estuviera haciendo otra cosa que querer algo que no existía, algo que no estaba ahí. Un ideal que sólo estaba en mi mente, cuando en realidad, tu eres un ser complejo que no se ajusta a mis modelos y mis patrones, a lo que yo creo que es lo correcto o lo adecuado.

Y dado que no te ajustas, no hay manera de que yo pueda amarte; porque no se puede confiar en ti, no me aportas seguridad; no encajas en todos esos moldes que necesito rellenar para sentir que tengo lo que a mí me satisface, lo que a mí me llena, lo que me aporta seguridad y lo que se supone que debe hacerme feliz.

Porque si no es así, no tendré de nuestra relación lo que en realidad busco; seguridad, sentirme especial y único, ser el centro de todos tus besos y caricias, que sólo yo sea tu objeto de amor y deseo. Como un niño pequeño que quiere ser el centro de atención. Eso es lo que espero; eso es lo que espera el ego. Ese que me domina, ese que me dice que en realidad tu amor hacia otra persona es algo negativo, un agravio a mi dignidad, ese que necesita de la exclusividad para sentirse amado, para sentirse válido.

Y es que cuando el ego tiene todo ese control, poco se puede hacer; el amor ya no es amor aunque insistamos en llamarlo así. Pues el amor no es fugaz, no depende de si mi ego se siente dolido o no, no depende de si me siento engañado o si está el otro dispuesto a darte lo que tu esperas. El amor no existe para satisfacer nuestras inseguridades.

Y tu podrás verlo como amor, podrá parecer precioso, perfecto, fantástico, un cuento de hadas idílico que nos han enseñado que tenemos que reproducir para estar completos y felices... pero si el "amor" se enfoca desde una base egoísta, lo último que deberíamos llamarle es amor. Y así estamos, y así nos va; llamando amor a lo que en realidad es inseguridad y miedo y sin tener ni puta idea de lo que el amor es en realidad.

martes, 6 de mayo de 2014

Magia

Ya puedo ofrecer imágenes, canciones, estímulos, pequeños pedacitos de belleza y de ser que forman parte de mi más profundo yo; que si no se está preparado para verlos, si no se cuenta con la base necesaria, no se valorarán. No se sabrá hasta qué punto me representan, no se apreciará hasta qué punto es esa cosa tan sencilla, tan nimia, tan simple, importante para mi. No se imaginará ni se sentirá el éxtasis que esa cosa tan simple me puede hacer sentir.

No es tan sencillo entender hasta tal punto lo que pueden significar meras imágenes o sonidos para alguien, no creo que en la vida encuentre muchas personas capaces de comprenderme tan bien, pero cuando lo hago, cuando conozco a alguien con quien fundirme en ese éxtasis, joder, es como el más grande de los regalos. 

Y es ahí donde está la magia. Tu magia, mi magia.


Al chico azul, por compartir ese éxtasis conmigo, 
por existir.



martes, 14 de enero de 2014

Sencillo como una canción

"Las manos se toman de las manos y los ojos quedan en los ojos... 
Así comienza la historia de nuestros corazones.
Es noche de marzo, noche de luna, y el dulce olor de henneh va en el aire. Caída está mi flauta y olvidada, y tu guirnalda de flores está sin terminar...
Este amor nuestro es sencillo como una canción.

Tu velo color de azafrán me embriaga los ojos. La corona que me hiciste de jazmines me llena el corazón, como la alabanza... Jugamos a dar y no querer dar, a mostrar y a volver a esconder. Sonrisas, timideces, dulces luchas inútiles...
Este amor nuestro es sencillo como una canción.
No tiene este amor misterios más allá de lo presente, ni anhelo de alcanzar imposibles, ni sombras tras el encanto, ni buscas en la sima de la oscuridad....
Este amor nuestro es sencillo como una canción.

Las palabras no nos llevan al silencio eterno, ni levantamos las manos al vacío, más allá de la esperanza. Sólo dar y recibir... Ni hemos exprimido la alegría hasta sacarle el vino del dolor...
Este amor nuestro es sencillo como una canción."

- Rabindranath Tagore

sábado, 9 de noviembre de 2013

Amor romántico y monogamia

"¿Por qué es tan difícil cuestionar la monogamia? Ya no decimos el matrimonio, superado por todo el mundo salvo peperos, gais y hipsters (qué curiosas coincidencias transculturales), pero la pareja cerrada, mirándose eternamente a los ojos y desinteresada del mundo entero, la unidad de felicidad incuestionable que es el dúo tiene una fortaleza teórica envidiable. Teórica, porque a la práctica, cualquier pareja monógama con una mínima duración se tiene que enfrentar a los grandes dilemas del modelo y que pueden ser, por ejemplo, que te enamores del vecino, que te enrolles con una amiga una noche de juerga o que te descubras tendencias eróticas hacia el sexo contrario (contrario al de tu pareja, se entiende).

Posiblemente el gran escollo para el debate sea esa aceptación de la monogamia como sistema natural que la vincula necesariamente al amor como si fuesen sinónimos. Criticar la monogamia es cuestionar el amor, ponerlo en duda. ¡El amor!

La vida insiste en cruzarnos con personas fascinantes, sensuales, divertidas y amargamente tentadoras. Si queremos ser honestas y consecuentes con nuestros pactos monógamos parece que solo hay una vía: la renuncia, la represión, el autocontrol, la fidelidad entendida como exclusividad.

El dolor de barriga, la risa floja, la mirada perdida, la alegría constante, el embobamiento. El amor caído del cielo, el rayo que te parte. El amor que lo puede todo, que te cala hasta los huesos, que no entiende de clases sociales, ni de normas preestablecidas, ni de fronteras. Que no tiene lógica ni falta que le hace. El amor que te eleva varios palmos sobre el suelo, que te hace mejor, más alegre, más fuerte, más generosa. Más feliz. Eso existe, claro, lo hemos sentido. Lo hemos vivido. Es real. 

Lo que tal vez no sea tan real, ni tan espontáneo, ni tan benéfico es todo el ropaje con el que cubrimos inmediatamente ese amor que sentimos y que creemos que forma parte del amor mismo. La perdurabilidad y la exclusividad son dos de sus adjetivos. 

El gran amor, (también llamado amor romántico), l’amour, es una imagen liberadora pero sospechosamente repetitiva, extrañamente común. Cúspide de la evolución emocional del ser humano, el enamoramiento y su materialización, el everlasting love, nos parece lo más, especialmente comparado con las uniones de conveniencia de siglos anteriores o de latitudes distintas y con los matrimonios tradicionales, unidos por la hipoteca, los churumbeles y la costumbre, desapasionados y malhumorados. El amor romántico ofrece un marco emocional totalmente distinto y aparentemente liberador. La investigadora Coral Herrera Gómez lo explica así:

“El amor romántico cubre estos anhelos del mismo modo que las drogas, la fiesta o los deportes de riesgo y además está conectado con lo sagrado: la totalidad, la fusión definitiva, el placer total, la eternidad (premisa fundamental de todo amor verdadero). Una de las ficciones más importantes que proyecta el amor idealizado es el del cese de ese doloroso sentimiento de soledad que nos acompaña a todos los seres humanos desde la caída de las grandes construcciones sociales, religión o clase social y cualquiera de las instituciones en las que antes nos podíamos sentir pertenecientes a una comunidad o grupo unido por cuestiones religiosas, económicas o políticas. Así, representaciones simbólicas con mitos como el de “la media naranja” (de resonancias platónicas), nos anuncian el fin de la perpetua soledad a la que estamos condenados”.

Poner en cuestión l’amour, tratar de pensar modelos que desmonten la monogamia obligatoria y que la conviertan en una opción personal entre otras muchas posibles, no es cuestionar el amor. Bien al contrario, es tratar de entender el Amor, en mayúscula, más allá de sus construcciones, del amor en minúscula. Es seguir apostando por él, más allá de los finales felices y las comidas de perdices.

La mayor amenaza para la monogamia obligatoria y todas sus imágenes es la vida misma. Una estúpida vida que se niega a morir a pesar del amor, que insiste en cruzarnos con personas fascinantes, sensuales, divertidas y amargamente tentadoras. Una vida que, a pesar de todos los cuentos y todas las canciones, no cancela los deseos por causa del amor. ¿Cómo sellar de una vez la puerta de ese magnífico y elástico cuarto de los hermanos Marx que son nuestro corazón y nuestra cabeza? Si queremos ser honestas y consecuentes con nuestros pactos monógamos parece que solo hay una vía: la renuncia, la represión, el autocontrol, la fidelidad entendida como exclusividad.

El epicentro emocional de la fidelidad viene dado con el concepto mismo: en el sistema de pensamiento monógamo apenas podemos estar enamoradas simultáneamente de dos personas, porque no sabemos ni cómo construir semejante imagen. Sí amamos simultáneamente a mucha gente, pero solo nos atrevemos a darle a una la connotación romántica. El epicentro sexual de la cuestión también se asume sin mucha duda en un principio pero contiene retos importantes.

Si nuestro amour nos pidiese dejar de hablar con los demás saltarían todas las alarmas del maltrato. Pero al tiempo que pensamos el amor como un sentimiento exclusivo, pensamos el sexo más como un vicio que como una parte esencial del ser. Por eso cuesta tanto reivindicar y defender la diversificación sexual, especialmente para las mujeres

Tener relaciones sexuales durante toda la vida (el amor eterno) con una misma única persona no siempre es tan satisfactorio como dicen las películas. Para empezar, porque las personas evolucionamos sexualmente a través de los años, y por mucho que ames a tu pareja, no siempre evolucionas en la misma dirección. Para seguir, porque una sola persona difícilmente puede cubrir todas las fantasías sexuales a riesgo de convertirse (y convertirla) en una esclava sexual. Y, para acabar, porque hay algo que una pareja de largo recorrido, por pura definición, no puede ofrecer: la novedad. Y la novedad, en términos sexuales, puede ser muy atractiva. Hay, pues, una cuestión práctica de necesidades, deseos y fantasías en la gestión de la fidelidad.

Hay también una cuestión moralista que aparece por los bajos fondos: si nuestro amour nos pidiese dejar de hablar con los demás de por vida nos parecería aberrante y saltarían todas las alarmas del maltrato. Pero al tiempo que pensamos el amor como un sentimiento exclusivo, pensamos el sexo más como un vicio que como una parte esencial del ser, necesaria y constituyente de la vida. Por eso cuesta tanto reivindicar y defender la diversificación sexual, especialmente para las mujeres e incluso ante nosotras mismas.

En una sociedad pobre en lenguaje y lecturas, las mujeres sexuales contamos con el privilegio de la sinonimia: zorras, putas, guarras o, para los listos de la clase, ninfómanas, el término buenista que convierte nuestra sexualidad en una patología (de satiriasis, su equivalente masculino, nadie ha oído hablar). Sigue siendo más fácil y más serio decir “tengo sed” que afirmar “quiero follar”. Pero son gritos igualmente vitales e igualmente necesarios.

Por si fuera poco, también hay una cuestión política implícita en esa fidelidad sexual y emocional entendida como componente obligatorio del dúo feliz: la propiedad de los cuerpos y de los placeres que nos adentra en las marismas del capitalismo emocional."


Para leer más, Píkara Magazine

sábado, 26 de octubre de 2013

Confinement.

"Sentimentalismo. Todo lo que es, lo es únicamente dentro de mi cabeza. Los dos mundos que he creado para vosotros difieren demasiado.Y no me metería de lleno en ninguno de ellos. 
Aunque erre a la hora de pensar que solo existís en mi cabeza, lo cierto es que sois un refugio extraordinario que en muchas ocasiones consigue con éxito apartarme del dolor.
El problema llega cuando me despierto.

Es como si deshaciendome de todo esto fuera a poder respirar mejor." 

-Diciembre 2011

Ayer recordé que hace unos años el despertarme me suponía un fastidio, "de vuelta a toda esta mierda" llegué a pensar en algunas ocasiones. Pero se me pasó, aprendí a valorar mi posición aquí y las cosas que me rodean.

Ayer recordé eso porque deseé quedarme dormida, y hoy mi cabeza me ha regalado un sueño grato, una de las cosas con las que más me gusta soñar. "Él".
Cuando tengo este tipo de sueños, pueden pasar dos cosas, bien que me despierte animada y contenta por haber estado un ratito allí, bien que me despierte con nostalgia deseando meterme en esa experiencia de nuevo. Hoy ha ocurrido lo segundo. Ese "él", ese título que le he puesto en mi mente, con todos los rasgos, descripciones y pensamientos positivos y de amor, toda esa admiración por su ser y su existencia en este mundo, es lo que me pierde. Tantos años ocupando esa posición y tantos años atribuyéndole parte de mi pensamiento no han hecho otra cosa que soldarle a un lugar privilegiado en mi cabeza.

Quizás debería adoptar una posición de gratitud y recordar todo lo que la vida me ha ofrecido, debería recordar lo afortunada que me he estado sintiendo. ¿Para qué sirve la sed de más?. ¿Busco estímulos agradables que me evadan de la realidad que ahora estoy viviendo? Esta actitud y estas lentes que llevo puestas a veces cuando dirijo mi mirada hacia él, me llevan a preguntarme y a querer saber más. ¿Qué me pasa? ¿Por qué? ¿Qué significa?. Es humano preguntarse estas cosas, como es humano amar. ¿Será esto lo que se supone que es estar enamorado? ¿Para qué ponerle una etiqueta? ¿Realmente necesito saber qué es lo que me está pasando?

Después de haberle abrazado y besado en sueños, todo esto lo siento con mucha intensidad.
Es lo que siento, y rechazarlo, racionalizarlo y tragármelo, no puede seguir siendo el camino. A veces tengo ganas de gritar...

Escribo esto porque ya me ha surgido este sentimiento varias veces, y tengo la sensación de que no he hecho otra cosa que esconderlo, taparlo y enterrarlo. Probablemente sea mi malestar actual lo que me lleve a aferrarme a la idea de él, una de las más agradables que se ha construido en mi mente. Y creo que con eso la he jodido. A veces sólo quiero dejar de sentirme así, quiero un NO a lo grande, un borrón o un tachón, una bofetada de realidad. Y creo que él es una de las personas que puede dármela. Quizás la persona que tenga que dármela.

Cuanto más tiempo lejos de esa realidad, más tiempo para revolcarme en mis ideas.

Esta soy yo en este momento, y esto es lo que me está pasando.

lunes, 20 de mayo de 2013

Mujeres paganas.


Son mujeres que quieren hacer de éste un mundo más vivible.

Son mujeres que se dieron cuenta que el cambio que desean ver en el mundo, está en sus manos.

Son mujeres que se sienten hijas de la Pachamama, de Pullowi, de Gaia.

Son mujeres que creen en la horizontalidad de las relaciones.

Son mujeres que saben que el sistema patriarcal fracasó.

Son mujeres que se atreven a ser distintas.

Son mujeres que se atreven a darle una educación diferente a sus hij@s.

Son mujeres que se atreven a decir “no” y “basta”.

Son mujeres que se atreven a correr con los lobos.

Son mujeres que se permiten ser compasivas consigo mismas.

Son mujeres que se atreven a caminar despeinadas.

Son mujeres que admiran y honran la vejez y la sabiduría.

Son mujeres que no creen en la superioridad.

Son mujeres que saben que el IQ no sirve para gran cosa.

Son mujeres que juegan y bailan con sus hij@s en cualquier lugar de la ciudad.

Son mujeres que lloran, se deprimen, y se cansan más cuando están ovulando y no se sienten disminuidas por ello.

Son mujeres que aprendieron a reírse de sí mismas.

Son mujeres que saben que ser llamadas Brujas es un gran elogio.

Son mujeres que sienten a tod@s l@s niñ@s del mundo como sus hij@s.




jueves, 2 de mayo de 2013

Por qué no "casarme" ni tener descendencia.

Partimos de la base de que somos seres humanos racionales, inteligentes, y que podemos analizar la realidad que nos rodea y nuestras decisiones se basarán en este análisis “consciente” del entorno.
¿Necesitamos reproducirnos? ¿Nuestros genes están compitiendo con otros para quedarse? Puede que sí, y puede que no, puede que haya genes que se quedan, genes que se van, genes que se extinguen, pero ¿tengo yo el instinto de procrear y perpetuar los míos? ¿Cuándo he perdido ese instinto? Sí, tengo ese “instinto”, ya sea con un origen biológico o sociocultural, me apetece dar vida y cuidar de otro ser humano para que pueda progresar y tener una existencia rica y plena en este planeta.

¿En qué momento decido que no me importa si esta persona es biológicamente y directamente descendiente mía? Quizás en el momento en el que soy consciente de que todos venimos de la misma parte y todos componemos una gran “familia”, que por unas circunstancias u otras, por unas reconfiguraciones genéticas y medioambientales u otras, tiene determinadas características diferenciales. Pero nuestro origen es el mismo, nuestra madre es la vida, la tierra, todos vivimos juntos y conectados entre nosotros. ¿Realmente importa el matiz de “haber salido directamente de mis genes mezclados con los de otra persona”? La mayor parte de lo que biológicamente soy, lo que es mi cuerpo, mis órganos, etc., ¿no está también presente en el cuerpo de otros seres humanos?

¿No debo yo dar la vida, cuidar y contribuir al desarrollo de otra persona, que al fin y al cabo, aunque no haya salido de mí y no se haya gestado en mi vientre, es igualmente mi hermano o hermana? ¿El amor entre nosotros habría ser menor y diferente? ¿Por qué?

Está demostrado que los vínculos de sangre no son garantía alguna de amor y bienestar, esos vínculos familiares que reflejan en típicas expresiones como “sangre de mi sangre” son más un espectro psicológico mitificado que algo físico que realmente influya para bien en nuestro desarrollo. Ya eso no tiene sentido, hoy uno puede encontrar familia fuera de su línea directa de sangre. Muchos de tus amigos pueden ser más familia que algunos de tus parientes más cercanos. Lo que nos hace sentirnos cercanos y “familia” de los que nos rodean es más el hábito, la convivencia y los vínculos que forjamos con nuestras experiencias, que la propia sangre o genética.  ¿Vamos a seguir creyendo que toda esa visión simplista y tradicional tiene actualmente sentido?

No necesito emparejarme ni reproducirme para tener una vida plena. Eso, que en un principio se supone que tiene un sentido instintivo y de supervivencia, hoy lo pierde todo, y empieza a ser algo psicológico. ¿Por qué buscar un aliado (que en muchos casos se acaba convirtiendo en un enemigo destructivo) en una sola persona? ¿Por qué no admitir que todos estamos con todos y empezar a comportarnos como la gran familia que somos? ¿Es que nuestra visión no es capaz de llegar a más allá de nuestras propias narices? 





martes, 1 de mayo de 2012